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| € 12.-
CD Herencia Latina |
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HERENCIA
LATINA
Varios motivos me impulsaron a concebir este proyecto.
Cuando estudié danza
y percusión africanas, en Estados Unidos, empecé a comprender que
la música, más que expresión artística, es un camino
espiritual, y aunque al principio sea inconsciente, al seguir su llamado se empiezan
a abrir canales con los que antes no se estaba en contacto, mismos que nos conducen
a la búsqueda de lo más profundo de nosotros mismos.
En este sentido, sin despreciar mis raíces germanas, pero reconociendo
que la alemana es una cultura muy “racional”, mi intuición
me ha acercado más a lo místico y lo mítico, y en el flamenco
y la música latina he encontrado los canales para expresar esa afinidad.
Esta obra es un testimonio de mi propio viaje y evolución a través
de la música. No es un disco meramente flamenco. Abarca diferentes géneros,
aunque a todas las piezas las une el hilo común de lo latino. Tienen un
mismo origen.
El linaje musical se asemeja más a un intrincado tapiz que a una estructura
lineal. La música, en su evolución, siempre asimila una diversidad
de influencias que luego es difícil rastrear, y en este sentido, Andalucía
no es un principio, pero sí un buen punto de partida de esta historia.
Esta región del sur de España es una de las más importantes
cunas de la cultura europea. El mestizaje e intercambio entre los pueblos que
pasaron y se asentaron allí a lo largo de la historia son únicos.
Los árabes ocuparon durante siete siglos la península Ibérica,
desde el siglo VIII, pero también estuvieron presentes judíos,
bizantinos, visigodos y, finalmente, los gitanos. Estos últimos llegaron
en el siglo XV, tras un largo peregrinar desde el norte de la India (lo que hoy
es Pakistán), y su afinidad con la cultura de aquella región los
decidió a asentarse.
Todas estas influencias culturales, especialmente la gitana, han tenido un papel
fundamental en el desarrollo del arte flamenco.
Andalucía fue también de donde, en esa misma época, partieron
las primeras embarcaciones hacia el “nuevo mundo”. Los españoles
que participaron en el
“descubrimiento” y la conquista, pero sobre todo los colonizadores,
trajeron a estas tierras -mucho antes de ser llamadas América- canciones
y danzas que nativos, mestizos y las siguientes olas de migrantes adaptaron a
su propio temperamento, influido también por el clima y la geografía
de cada lugar.
Es obvia la herencia española en la música popular de Latinoamérica,
y aunque tal vez el flamenco no la influyó directamente, en algunas de
sus manifestaciones, como los sones de México, sí se reconocen
claros indicios de la música popular andaluza, antecedente fundamental
del flamenco.
EL DESAFIO DEL TANGO
Cuando se habla de tango, lo más común es pensar en el tango argentino,
pero lo cierto es que este ritmo es mucho más versátil y es tan
antiguo como la música misma.
Su principal atributo a nivel rítmico, la síncopa, le da esa elasticidad
que reta la razón, las reglas, y que lo ha caracterizado como una música
revolucionaria. Es como la serpiente que trata de escapar de las garras del águila,
que aunque la devora no muere, pues ambos se vuelven uno.
El tango siempre ha constituido un desafío a lo lineal, a lo establecido.
En Argentina, por primera vez en su historia conocida, la gente de la alta sociedad
se abrazó más estrechamente cuando bailaba, por lo que llegó a
ser símbolo de pasión incontrolada y de las nuevas costumbres sexuales
-más liberales- de los años 20.
¿Acaso Elvis Presley no se movía también como serpiente? Él
no cantaba tangos, pero el rock´n roll, igual que el tango, rompe con la
estructura lineal, llevando el acento en el segundo tiempo (backbeat). Sobra
decir que esa música cambió a toda una sociedad.
Como fenómeno musical, el tango no tiene punto de partida. Es idéntico
al pulso del universo. Como forma musical, surge primero como tango español,
heredero de la música andalusí, que floreció en Andalucía
durante la ocupación árabe. El jardín del moro (track 12),
que es una zambra, refleja algo del espíritu de esta música.
Mucho tiempo después, tras el “descubrimiento” y la eventual
conquista de América, el tango español anidó en Cuba, donde
se convirtió en habanera.
Ahí se reencontró con los ritmos africanos, llevados a la isla
por los esclavos, particularmente los yoruba de Nigeria. De ese reencuentro,
similar al de dos hermanos que no se han visto en mucho tiempo y que comparten
sus experiencias, surgen los sones cubano y montuno; danzón, guaguancó y,
en otras partes de Latinoamérica, merengue, cumbia, samba y bolero, entre
otros.
Hacia la mitad del siglo XIX, nace en Uruguay la Milonga (track
7), con origen en la habanera. Poco después, ya asimilando otras influencias europeas
como la zarzuela y la canción napolitana, surge el tango argentino, representado
aquí por La Cumparsita (track 5), uno de los más famosos.
En el flamenco existen bastantes variantes del tango. La que lleva su nombre
(tango flamenco) tiene el sello gitano, mientras que los tientos son más
lentos y con una sutileza especial. Aquí muestro ambos en Riachuelo (track
6).
La Farruca es otra variante, con aires norteños de Galicia (track 4).
Incluyo también un arreglo del Caballo viejo (track8), originalmente un
pasaje de Venezuela, interpretado aquí más como son cubano.
Mi propia contribución al complejo tema del tango es
Herencia latina, una rumba estilizada (track 3).
La bola de oro (track 11) merece mención especial, por ser la composición
de mi amigo Miguel Iven, guitarrista de flamenco de gran talento, nacido en Alemania.
No quisiera encasillar esta pieza en ningún molde. Diría que a
lo que más se acerca es al bolero y, por lo tanto, no podía faltar
en esta serie de tangos, cuyo punto culminante es Spain (track 10), de Chick
Corea, una composición jazzística aflamencada, con la cual, como
dicen en Brasil, “se vuelven a encontrar las piedras”. |
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EL RITMO DEL RITUAL
Una de las tramas que da unidad a esta colección se origina en la experiencia
que tuve cuando, ya iniciado en el flamenco, llegué a México en
1984. Al observar a los chinelos (personajes vestidos de moros, con sombreros
en forma de turbante y máscaras de barba puntiaguda) en el carnaval de
Tepoztlán, Morelos, con su baile saltado al son de las bandas del pueblo,
noté que el ritmo de esa música es básicamente igual al
de las principales formas del flamenco, pero con una dinámica menos compleja.
Este ritmo es compuesto, es decir,
dos compases de 3 por 4 y tres de 2 por 4. Gráficamente, se representaría:
1 2 3 1 2
3 1 2 1 2 1 2.
Los vihuelistas del siglo XV ya lo conocían, y sospecho que existía
desde mucho antes, porque lo he identificado en las músicas celta,
hindú y
africana, curiosamente, siempre vinculado a la danza.
Intuyo que ese ritmo tiene un origen ritual, y se manifiesta en las culturas
en las que la danza es un componente esencial –las danzas vudú,
de Haití, o las de santería de Cuba y República Dominicana,
por ejemplo, con las que pasa a estados de conciencia alterados.
Jugando con la base de este ritmo, el flamenco se ha inventado las más
diversas formas. Simplemente desplazando el primer tiempo, crea nuevos matices
y enriquece enormemente la dinámica, como se ve en la primera pieza del
disco, la bulería Cañón del lobo (track1), que continúa
ese juego, pero llevándolo a su nivel más sofisticado.
En Canarios (track2), una danza muy popular en las islas Canarias a partir de
la segunda mitad del siglo XVII, está presente también este ritmo.
Esta pieza refleja algo del espíritu que se percibe en la música
de los chinelos.
La Petenera (track15), cuyo origen es una canción del pueblo andaluz llamado
Paterna, presenta el mismo patrón, y llegó a México también
en el siglo XVII. La petenera mexicana (de la que es curioso notar que existe
en diferentes versiones en casi todas las regiones de México) comparte
con su homóloga flamenca, además del ritmo, la estructura armónica
y melódica. Aquí la presento en su versión flamenca, pero
con final estilo mexicano.
FANDANGO-HUAPANGO: SE CIERRA EL CICLO
Finalmente, en un tercer grupo aparece La Malagueña salerosa (track 13),
famosa canción mexicana en ritmo de huapango (o, que es lo mismo, son
huasteco, del norte del estado de Veracruz). La palabra huapango, de origen náhuatl,
significa: “sobre las tablas”, en referencia al tablado sobre el
que se ejecuta su zapateado.
Este ritmo aparece en otras regiones de México como granadina, rondeña
o murciana, y es claro que viene del fandango, antiguo baile folclórico
andaluz, que dio tantas aportaciones al flamenco, así como a los sones
de México y otras formas musicales de Latinoamérica. Por esta razón,
lo agrupo con las Sevillanas (track 14), que conservan ese aire popular ligero
de los antiguos fandangos.
Y por último, el Zapateado (track 9) íntimo amigo del son jarocho,
baile popular de Veracruz, lugar que mantiene un fuerte lazo con Cádiz,
la provincia española que vio partir a Colón en ese viaje que dio
origen al interminable y riquísimo mestizaje cultural del que este trabajo
intenta hacer una reseña.
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